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"La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey", Mary Ann Shaffer y Annie Barrows

Pues empecé a leer este libro sin saber de qué trataba, atraída por su curioso título y por el hecho de que la narración de la historia estaba realizada en estilo epistolar.





Título original: The Guernsey Literary and Potato Peel Pie Society

Título en castellano: La sociedad literaria y el pastel de piel de patata de Guernsey

Autoras: Mary Ann Shaffer y Annie Barrows

Número de páginas: 304

Año de publicación: 2008

Edición: 2010

Editorial: RBA

Formato: tapa blanda

Precio: 19'95 euros


 Sinopsis

Enero de 1946: Londres emerge de las sombras de la segunda guerra mundial. La escritora Juliet Ashton encuentra la carta de un desconocido, un nativo de la isla de Guernsey, a cuyas manos ha llegado un libro de Charles Lamb que perteneció a Juliet. A medida que Juliet y el desconocido intercambian cartas, ella se queda atrapada en el mundo de este hombre y sus amigos, que resulta ser un mundo maravillosamente excéntrico. Esta novela ostenta una galería de personajes profundamente peculiares, todos amantes de la literatura, que intentan sobrellevar la ocupación nazi organizando reuniones de lectura sobre novelas clásicas, alrededor de un pastel de patata.




 Opinión personal
 

Sólo he leído maravillas y alabanzas sobre esta novela. Cuando la terminé, fui corriendo a revisar reseñas en los interneses en busca de otros lectores que compartieran mi misma opinión, pero no he encontrado ni uno solo. Sí, aun a riesgo de resultar impopular, he de decir que esta novela no me ha gustado nada de nada.

Veamos, está narrada en forma de cartas, notitas y telegramas entre los diversos personajes que la componen. Aunque al final del todo aparece por ahí un diario que no sé muy bien a cuento de qué viene, creo que a las autoras les resultó el modo más sencillo de terminar la historia. Las cartas son siempre lo suficientemente cortas para no resultar pesadas, por lo que la lectura es amena, rápida y fresca. Algo que me ha extrañado de este estilo, sin embargo, es el hecho de que en ocasiones los personajes se mandaran notitas muy cortas (tipo mensaje de texto: "¿Vienes?", "Vale")... ¿Cómo se supone que lo hacían? No podían mandarlas por correo porque intercambiaban varias en el mismo día. Si alguien lo sabe, agradeceré que me ilumine porque me desconcertaba mucho. También los telegramas me resultaban chocantes: "Anda, pues vaya, no me digas que..." (cuando, todo el mundo lo sabe por las películas, en los telegramas se usa el menor número de caracteres posibles para economizar).

En fin, que me encantan las narraciones en estilo epistolar. Son poco usadas, por lo que para mí son algo diferente, original, y eso siempre se agradece. Así que al principio me enganché muchísimo a esta historia y tenía toda la pinta de que me gustaría a rabiar... Hasta que la narración se convirtió en una recopilación de anécdotas de la ocupación nazi en la isla de Guernsey, contadas por los propios isleños protagonistas de las mismas... Sé que las autoras se esforzaron por crear un hilo conductor, pero a mí se me ha quedado la sensación de que esa pretendida historia central no era más que una excusa para presentar las susodichas anécdotas.

Me ha resultado predecible hasta la exasperación, insulsa, ingenua, plagada de personajes estereotípicos y muy, muy empalagosa. Las palabras que más se repiten a lo largo de toda la historia son "maravilloso" y "encantador", y se repiten constantemente: para designar a los personajes, a los paisajes, a las situaciones, a las anécdotas, a los atardeceres... Todo es maravilloso y encantador, todo está recubierto por una gruesa capa amelocotonada, achocolatada, azucarada y caramelizada. Imposible que no me diera empacho. Y eso que yo creía tener un estómago a prueba de dulces.

Eso sí, las autoras se han documentado a conciencia para narrar esas anécdotas y trazar un esbozo de cómo fue la ocupación nazi. Eso no se les puede negar, lo acertado o no de la forma de narrarlo ya es otra cosa. También es loable que puedan contarnos todos aquellos horrores con el mismo tono almibarado del resto de la narración.

Creo que me hubiera podido gustar esta lectura hace muchos años, cuando era jovencita, aún había leído poco, y ese tono sonrosadito me causaba ternura en lugar de indigestión. Aun así, sé que hay muchísimas personas a quienes les ha encantado este libro, por lo que os animo a que le deis una oportunidad con vuestros propios ojos, tal vez os enamore el recubrimiento de purpurina.


 Puntuación

3 sobre 10

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