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Una mañana llena de 400.000 millones de soles...

o por qué me fascina la ciencia ficción.


¿Qué sintió el primer ser humano que, comenzando a utilizar la capacidad de razonar de su cerebro pensante, contempló los cielos sobre el mar espumoso, sobre los picos nevados de los valles? ¿Qué pensó el primer ser humano que descubrió los patrones de comportamiento de las estrellas? ¿Cuánto se maravilló el primer ser humano en comprender el porqué de un eclipse solar?

No parecen preguntas apropiadas para la ciencia ficción, ¿no es así?

Sin embargo, yo creo que lo son... Porque, ¿qué es la ciencia ficción sino extrapolar esas preguntas hacia delante, hacia el futuro, hacia el infinito en expansión? ¿Qué sentirá el primer ser humano en contemplar con sus propios ojos los ribetes multicolores en los cielos de otros mundos? ¿Qué pensará el primer ser humano que descubra los patrones de comportamiento de la materia oscura? ¿Cuánto se maravillará el primer ser humano en comprender el porqué de los agujeros negros?

¿Y de dónde viene el título de esta entrada? De este vídeo tan ingenioso:


Un amanecer más glorioso espera.
No una salida del sol,
sino el emerger de una galaxia...

¿Necesito algún otro motivo para que me fascine la ciencia ficción? Bueno, pues ahí va...



Los viajes intergalácticos, la colonización de otros planetas, la evolución de las sociedades humanas y del propio homo sapiens como género animal, la explosión tecnológica, los implantes biónicos, la inteligencia artificial que toma conciencia de sí misma... Es la antigua maravilla de los primeros astrónomos, de los primeros científicos, proyectada hacia delante, hacia horizontes bañados por la luz de 400.000 millones de soles...

Tal vez sea lo único que me une a esos científicos: la capacidad de maravillarme. Mirar hacia los cielos y no ver puntitos brillantes, sino el infinito en expansión; pensar entonces en Carl Sagan, en Kepler (en cuyo epitafio se podía leer: "Medí los cielos y mido ahora las sombras. Mi mente tenía por límite los cielos, mi cuerpo descansa en la tierra."); pensar en Hipatia de Alejandría con la mirada prendida de las estrellas, entre el ruido del fanatismo.

Como lectora empedernida y como aficionada a la escritura, la ciencia ficción me permite jugar con las posibilidades, navegar por autopistas de datos, extender las manos y tocar con mis dedos la arena fría de un planeta lejano, mirar a los ojos a una máquina que me devuelva la mirada, ver rayos C brillar cerca de la Puerta de Tannhäuser...

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